Dulces Recuerdos...
Al alba...
Nada más delicioso que ir a misa de alba con la abuela.
El desayuno se tomaba de pie y en la cocina; salíamos corriendo, todavía con las telarañas del sueño en los ojos y tropezando en la calle con el cielo lleno de luceros.
El camino se llenaba del ruidito de los rosarios y el cuchicheo de los vecinos.
En mi recuerdo aún, la iglesia en penumbra, y el aroma a incienso, a flores y a cera.
En mil colores...
El Xocbichuy era el tejido predilecto de la abuela.
La palabra quiere decir “hilo contado”.
Se teje sobre un cañamazo que por aquí se le llama canevá.
La abuela bordaba con xocbichuy las cenefas que adornaban la orilla y las mangas de sus hipiles.
En esta tarea gastaba semanas, aun meses, pero, al fin, se daba gusto de lucir los dibujos de sus ternos en ferias y vaquerías.
Sueños de trapo...
¡Qué lindas, qué humildes y qué inocentes eran las muñecas de
trapo!
Mi abuela las hacía con retazos de tela y madejas de hilaza
para divertirme y que me hicieran compañía.
Entre mis recuerdos vaga la imagen de mis muñecas arrullándose en mis brazos, nada era más tierno…
Casi siempre las dos nos quedábamos dormidas:
Yo con los ojos cerrados y la muñeca con los ojos abiertos.
Ambas nos poníamos a soñar. Read more...
Nada más delicioso que ir a misa de alba con la abuela.
El desayuno se tomaba de pie y en la cocina; salíamos corriendo, todavía con las telarañas del sueño en los ojos y tropezando en la calle con el cielo lleno de luceros.
El camino se llenaba del ruidito de los rosarios y el cuchicheo de los vecinos.
En mi recuerdo aún, la iglesia en penumbra, y el aroma a incienso, a flores y a cera.
En mil colores...
El Xocbichuy era el tejido predilecto de la abuela.
La palabra quiere decir “hilo contado”.
Se teje sobre un cañamazo que por aquí se le llama canevá.
La abuela bordaba con xocbichuy las cenefas que adornaban la orilla y las mangas de sus hipiles.
En esta tarea gastaba semanas, aun meses, pero, al fin, se daba gusto de lucir los dibujos de sus ternos en ferias y vaquerías.
Sueños de trapo...
¡Qué lindas, qué humildes y qué inocentes eran las muñecas de
trapo!
Mi abuela las hacía con retazos de tela y madejas de hilaza
para divertirme y que me hicieran compañía.
Entre mis recuerdos vaga la imagen de mis muñecas arrullándose en mis brazos, nada era más tierno…
Casi siempre las dos nos quedábamos dormidas:
Yo con los ojos cerrados y la muñeca con los ojos abiertos.
Ambas nos poníamos a soñar. Read more...



